jueves, 4 de septiembre de 2008

Pacifico



Creo que todos los que hemos conocido a Pacífico, nos figurabamos lo que iba suponer su ausencia corporal.En Cáceres se le quería mucho, y aunque su obra iba encauzada a los jovenes, también los padres nos hemos enriquecido con sus sabias enseñanzas, sus palabras siempre acertadas y contundentes; nunca dudaba cuando le consultabamos algo que nos preocupaba. La última vez que hablé con él fue en Navidad, siempre intercambiabamos felicitaciones, pero casi siempre era él el que se adelantaba y nos felicitaba primero, me dijo que la vista ya no le acompañaba para escribir, y que además quería hablar conmigo para saber como estaba. El día de S. Francisco llamaba a mi hijo para felicitarle, nunca puso distancias, ni se consideró más que nadie, al contrario, su humildad y su humanidad, le hacían diferente de los demás. Fué autentico, vivió sin miedo a nada ni a nadie, como quiso, haciendo ruido, y nadie dudaba de que ese pequeño hombre estaba lleno de Dios.
Recuerdo un día, hace un montón de años, cuando las aguas estaban revueltas, y yo estaba en medio de ellas, fuí a verle, le dije que no tenía sentido lo que estaba haciendo, que no podía seguir, y el me animó a continuar y me dijo que Dios está por encima de las miserias y las debilidades de los hombres, y que lo que yo estaba haciendo era para Dios, y ahí sigo intentando dar lo mejor de mí a tantos niños como he preparado para hacer su primera comunión, y siempre recuerdo sus sabias palabras.
El martes, fue para mí un lujo poder proclamar la lectura en esa Eucaristía multitudinaría, con tanta gente que quiso despedirle y agradecerle todo lo bueno que ha hecho en cáceres, fue una autentica fiesta, seguro que desde el cielo disfrutó mucho viendo la iglesia franciscana abarrotada de gente, y seguro que estuvo pasando lista, por si faltó alguien.

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