lunes, 12 de octubre de 2009

COSAS DE LA VIDA


Allí, donde se mezcla la muerte y la vida; donde la enfermedad une. Donde las noches se hacen eternas y se comparten confidencias, secretos que los enfermos no pueden escuchar; allí conocí a María. Era de mediana edad, no muy agraciada fisicamente, pero parecía buena persona. Estaba allí con su marido, le masajeaba los pies, iba continuamente a que las enfermeras le dieran hielo para que Diego, su marido aplacara un poco el fuego que tenía en la boca. Todo era producto de la quimioterapia, le había abrasado, decía María. Siempre estaba atenta a sus necesidades.

Se entretenía con un enorme libro, pero lo cogía y lo soltaba una y otra vez, siempre pendiente de Diego. ¿ Qué quieres?...

Nos decía que había aprendido a tener paciencia, porque en esos sitios no quedaba otro remedio. Por la noche colocaba ese sillón que hay en los hospitales, que se abre, pero que se te clava en todo el cuerpo, lo colocaba junto a la cama de Diego; me provocaba mucha ternura ver sus manos enlazadas. El AMOR plantando cara al DOLOR, a la enfermedad.

Hoy he sabido que Diego se marchó, que María se ha quedado sola... sin él. La enfermedad ganó la batalla.

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