miércoles, 21 de octubre de 2009

RECUERDOS


Ayer me contaba Patricia que se sentía como una niña pequeña que va a empezar el colegio por primera vez, Elena también tenía esa misma sensación, me lo decía hoy. Anoche antes de acostarse dejó preparada la ropa que se iba a poner, tenía que madrugar y quería dejarlo todo listo. Prefirió dejar la bata colgada en el armario, para que no se arrugara, ya la doblaría por la mañana; era un día especial: visitarían el hotel para empezar a poner en practica muchas cosas que habían aprendido en la academia.


Se levantó temprano, y nisiquiera tuvo tiempo para visitar su blog, no quería llegar tarde. Elena estaba ilusionada, vería a Patricia y a las demás. Llegó la primera y poco a poco fueron llegando todas. Pelo recogido, nada de pendientes largos, buena imagen; en fin una serie de recomendaciones que les habían hecho. Había que causar buena impresión.


Elena me contaba que una mezcla de sensaciones la invadía, a ella le gustaba mucho viajar; sobre todo ir a la playa, y había conocido bastantes hoteles de la costa y algunos de ciudad. Le encantaban las habitaciones bonitas, acogedoras, y con buenas vistas. Hoy era distinto, no iba como cliente, sino como trabajadora.


Les hicieron pasar por la puerta de emergencia y eso impactó a Elena. ¿ Por qué por aquí? Ella estaba acostumbrada a entrar por la puerta principal con sus maletas, llegar a la recepción y acomodarse en su habitación. Era distinta al resto de sus compañeras y eso la había hecho sentirse al principio como una nota discordante en el grupo, ahora se la veía más integrada; me contaba que estaba ilusionada con el curso, y que se estaba enriqueciendo mucho con todo lo que aportaban los profesores. Eso sí me decía que a veces se sentía en el grupo como esa niña repelente que todo lo sabe.


Entraron el el hotel. Elena arregló una habitación con Patricia, eso fue lo que les dijo el profesor; era de salida y había que hacerla a fondo. Después pidió arreglar una habitación ella sola. Esta vez era de clientes. Elena empezó a sentirse mal cuando entró en la habitación y empezó a ver maletas, ropa, zapatos. No eran ni sus maletas, ni sus ropas, nisiquiera sus zapatos. ¿De quién era todo eso? Elena me contó que se puso muy mal, le faltaba el aire; una crisis de ansiedad la invadía y no podía controlarla. No podía respirar y las lagrimas llenaban sus ojos.


Los recuerdos de otros tiempos pudieron con ella...

1 comentario:

Montaña Hurtado Muñoz dijo...

Pero me parece a mí la tal elena tiene pendiente una excursión... y que va ir con sus maletillas a algún hotel muy chulo ;)