lunes, 16 de noviembre de 2009

CONFIDENCIAS

Recuerdo un día que tuvimos una dinámica en la que teníamos que compartir nuestras emociones, sacarlas fuera; cómo nos sentíamos cuando estábamos tristes, alegres, enfadados... cómo nos comportábamos ante determinadas situaciones y qué hacíamos para remediarlo. Algo complicado cuando apenas conoces a la gente... Tenía frente a mí, sentada en una silla a una chica con la que choqué desde el principio, muy complicada, joven, rebelde; y tenía que decirle de que sentía vergüenza... y ella a mi lo mismo.

Me tocaba a mí empezar y le dije que me daba vergüenza (a posteriori) ser demasiado efusiva con los demás, derrochar cariño; cuando me daba cuenta de que los demás no apreciaban esa afectividad. Ahora le tocaba a ella... Empezó a contarme cuando sentía vergüenza. Me gustó escucharla, parecía una niña asustada.  ¿Donde estaba su rebeldía, su manera de hablar tan descarada? Me acordaba siempre del cuento de Jorge Bucay "La tristeza y la Furia" cuando se enfadaba. La agarré la cara con mis manos, mientras me dí cuenta de que alguien nos observaba.

Después terminé la dinámica riéndome a carcajadas con otra compañera, no recuerdo que tocaba compartir, ni siquiera que me dijeron todas las demás. Pero lo que me dijo esa niña, no lo voy a olvidar nunca.

He buscado esta entrada, la publiqué hace bastante tiempo, pero necesitaba recordarla, y volver a publicarla.

Sigo sintiendo ese mismo pudor, ese miedo a sacar mis sentimientos (algo tan mío) y que algunas personas, donde los proyecto no sepan apreciarlo...

Somos muy complicados, la teoría es fácil, la práctica... muy difícil.

2 comentarios:

Verónica dijo...

Es muy interesante lo que cuentas.
Me gusta tu blog.
Con tu permiso me quedo aquí en el.
Te mando 1 besito.

Chely dijo...

Muchas gracias, me alegro de que te guste. Otro beso para tí