jueves, 19 de noviembre de 2009

DEJAME QUE TE CUENTE Jorge Bucay

Últimamente proliferan a mi lado malas personas.

Gentes que, sin un objetivo lógico y comprensible, buscan parecer más altos que los demás. Muchas veces lo hacen intentando subirse a la espalda de los demás, pisoteando objetivos ajenos y, las más, dañando a personas que sólo querían conseguir el objetivo de alzar un poco el vuelo por sí mismas.

Hace tiempo esas malas personas despertaban en mi una ira incontrolable. Con el paso de los años, esa ira se ha ido transformando en una especie de rabia interior que suelto unos pocos días, para dar paso a la más absoluta indiferencia.Porque soy consciente de que esa indiferencia duele más que la ira o la rabia. No me alegro por sus caídas, pero tampoco me repugnan sus triunfos.


Me dan igual.


Simplemente, esas personas, a las que, por algún motivo estoy conectada, ya no son dignas de considerarse parte de mi mundo. Son simplemente personas ajenas a lo que quiero para mi y, por ello, no me merecen la más mínima consideración, el más mínimo pensamiento.Este post encierra el último de esos pensamientos dirigido a esas personas. Gentes que en su día se dijeron mis amig@s, han pasado a ser carne del olvido.

Rememoro los momentos que pasé con ellas y sólo alcanzo a darme cuenta del tiempo que perdí intentando sacar un rasgo positivo de esas relaciones. Porque no hay rasgo positivo. Son tan pobres de espíritu que no ven más allá de su sombra, más allá de sí mismos y si, por casualidad, tu sombra se cruza con la suya, saltan chispas de envidia.No les deseo mal, no les deseo bien, no les deseo nada.

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