martes, 24 de noviembre de 2009

RECORDANDO


Esta mañana he hecho un recorrido por mi blog, me ha gustado recordar todas las entradas que he publicado. Me han traido muchos recuerdos, cada una de ellas marca una etapa de mi vida. Sin embargo ha habido una que me ha hecho detenerme, volver a leerla y reflexionar sobre ella. Es un precioso cuento de los muchos que he publicado de Jorge Bucay, su titulo: " Huellas Doradas".

Martín necesita cambiar de vida, alejarse de todo lo que tiene en ese momento, no entiende lo que está pasando a su alrededor. Las envidias, la incomprensión de las gentes... los desprecios; las acusaciones injustas... Todos esos pensamientos le abrumaban. Necesitaba alejarse de su pueblo, de la gente. Buscar otros horizontes.

Se va con lo necesario en una pequeña mochila, pero antes quiere subir a la cima; desde allí se divisa todo el pueblo, y según le han contado se respira mucha paz. Aparece un viejo con un catalejo que a cambio de unas cuantas monedas le ofrece la posiblidad de visualizar hasta el último rincón de su pueblo antes de marcharse.

Él accede, y se sorprende al ver aparecer unos puntos dorados a través del catalejo, cada vez van apareciendo más y en distintos lugares: en la plaza, en la escuela, en aquel callejón... No sale de su asombro hasta que el viejo le dice: ¿ Ves esos puntos dorados?...Son las buenas obras que has hecho a lo largo de tu vida con los demás. Hay acciones, continuó el viejo en la vida de uno que dejan huella en la vida de otros.

Yo pienso que dejar huella en los demás a través de nuestras acciones es lo mejor que nos puede pasar. Seguro que todos tenemos algunos puntos dorados en nuestra vida que reflejen algo bueno que hayamos hecho con los demás: Regalar a ese amigo su música favorita, animar a alguien cuando está triste,visitar al amigo que está enfermo, ofrecer una sonrisa aquél que lo necesita... dar una palabra de ánimo. Creo que está en nuestra mano ofrecer HUMANIDAD, COMPRENSIÓN.

Hay personas que aunque no veamos, siempre estarán en nuestro corazón, porque nos han dejado huella, y hay otras que siempre recordaremos con indiferencia, con desprecio, porque nos han hecho daño, porque se han creido superiores, porque no han tenido con nosotros ni una pizca de humanidad ni de comprensión.

Intentemos dejar esas huellas doradas en los demás, ser para ellos como un balsamo que alivia, y que cura las heridas del cuerpo y del alma.

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