miércoles, 6 de julio de 2011

TAL SOMOS, TAL VEMOS

Un campesino chino se fue a la ciudad a vender su cosecha de arroz. Su mujer le pidió que, sobre todo, no se olvidase de comprarle un peine.

Después de vender su arroz, el campesino se reunió con sus compañeros para celebrar en la ciudad sus buenas ventas y bebieron y charlaron largo rato. En el momento de regresar se acordó de forma confusa de que su mujer le había encargado algo.

No podía recordar qué era, así que entró en la primera tienda para mujeres que encontró y compró lo primero que le llamó la atención: un espejo

A su regreso, al pueblo le entregó el regalo a su mujer y se marchó a trabajar los campos. La mujer se miró en el espejo y comenzó a llorar desconsoladamente. Su suegra le preguntó la razón de aquellas lágrimas.

Mi marido ha traido a otra mujer de la ciudad. Es joven y hermosa contestó la mujer señalando el espejo.

La suegra cogió el espejo y lo miró. A continuación le dijo a su nuera: No tienes nada de que preocuparte, hija. Es una vieja...



Del libro "La vida viene a cuento"

1 comentario:

Chely dijo...

Hay que mirarse en el espejo y encontrarnos estupendas... jovenes y guapas.