sábado, 8 de junio de 2013

GREGUERÍAS Ramón Gómez de la Serna



Los ríos no saben su nombre.

Por los ojos del caballo se asoma la noche al día.

Las rosas se suicidan.

Sólo el gabán de pieles se acuerda de los perfumes idos.

El ladrido es el eco de sí mismo.

El mar sólo ve viajar: él no ha viajado nunca.

Un papel en el viento es como un pájaro herido de muerte.

En el río pasan ahogados todos los espejos del pasado.

En la noche helada cicatrizan todos los charcos.

Perder un pañuelo es comprometerse en llantos ajenos.

La lluvia en la madrugada es como lluvia en trenes o andenes.

El péndulo del reloj acuna las horas.

Lloraba de frío la noche.

Las estrellas telegrafían temblores.

El alba riega las calles con el polvo de los siglos.

Las gaviotas nacieron de los pañuelos que dicen ¡adiós! en los puertos.

El agua refleja en las paredes un humo de luz.

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