viernes, 25 de abril de 2014

GRATITUD



No tengo palabras para agradeceros las visitas que hacéis a mi blog, me emociona ver tantas y tantas visitas cada día. Muchas gracias. Falta muy poco para las 170.000 visitas. Unas cuantas... Pondré pantallazo.

jueves, 24 de abril de 2014

SEMANA SANTA EN CÓRDOBA



Planeamos las vacaciones de Semana Santa con bastante antelación, elegimos Córdoba, es una ciudad que no conocíamos y nos apetecía ir allí.

Varios días en internet, viendo hoteles que estuvieran por el centro, hasta que nos decidimos por "El Conquistador", me gusta ver los comentarios de la gente que se ha alojado antes, pero como unos comentarios eran positivos y otros negativos, decidimos no leer más; cada uno cuenta su experiencia. Lo que si estaba todo el mundo de acuerdo era en la ubicación, enfrente de la Mezquita, 4 estrellas, decidimos hacer la reserva.

A los pocos días en la página del hotel vi una habitación con un balcón que me gustó mucho, llamé al hotel y la persona que me atendió me dijo que no había ningún problema, le dije si había que pagar algún suplemento por reservarla, y me dijo que no, que se ajustaba a la reserva que teniamos. "Vistas a la Mezquita" y que desde ese momento quedaba asignada para nosotros. Era la única habitación de esas características.

Yo miraba el hotel a través de internet y me imaginaba en aquella habitación.

Dos días antes de viajar a Córdoba, volví a llamar para no llevarnos ninguna sorpresa desagradable, me atendió una chica, miró la reserva y dijo que efectivamente teníamos asignada la habitación 125, que era la que queríamos.

A las 5.30 de la mañana, nos levantamos la fibro y yo, después de un otoño-invierno sin apenas salir de casa era un reto el madrugón, el viaje, y el cansancio que me suponía.

Salimos de Cáceres a las 6.55 de la mañana, Sevilla, y después un Avan a Córdoba. Llegamos a mediodía al hotel, yo iba muerta de cansancio, deseando llegar a la habitación y descansar un rato antes de comer. Pues bien, en recepción nos dicen que si, que teníamos esa habitación asignada, la 125, pero que se la habían dado a otro cliente.

Me enfadé muchísimo, la recepción un cero, FALTA DE COORDINACIÓN. La chica que nos atendió hablaba de su compañera, pero nunca supimos que compañera fue con la que hablé y la que nos asignó la habitación.

Nos dijeron que nos daban otra en la planta superior, o sea la 225 con cuatro ventanas ovaladas, pero sin balcón, dijimos que si y nos instalamos. Me quedé dormida enseguida por el cansancio, y a las 5 de la mañana me desperté totalmente dolorida, como llena de pinchazos; toqué el colchón y estaban los muelles sueltos, bultos por todas partes... me senté en una butaca porque en la cama no podía estar.

Otra vez a recepción... nos atendió la misma chica y nos dijo que estaban cambiando los colchones y que había habitaciones con colchones nuevos y otros como el nuestro, hecho una pena. Otro cambio de habitación, 207, muy estrecha, pero al menos tenía el colchón en mejores condiciones. 

Lo cuento, porque hemos estado en muchos hoteles y nunca nos había pasado nada parecido.

La estancia en Córdoba merece otro post, unos días inolvidables, aparte de las incidencias en el hotel.


sábado, 5 de abril de 2014

MI CAMAFEO




Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.
(Mario Benedetti)

Recuerdo ese día como si fuera hoy mismo.Yo había celebrado mi comunión unos días antes, mi hermano Manolo, dos años mayor que yo, la celebró en su momento, dos años atrás.

Iba vestido con un traje blanco de almirante, con sus galones y muchos cordones dorados colgando de su guerrera.

Había una procesión en la iglesia de Santiago, nuestra parroquia, y a mi me daba mucha vergüenza ir a esa procesión yo sola vestida de comunión. Mi hermano Manolo dijo que él me acompañaba. Su traje de almirante se había convertido en una chaqueta blanca y unas calzonas; los adornos ya habían desaparecido. Mi madre le dijo qué como iba a ir de esa guisa, y él fue, él me acompañó. 

Me sentí muy arropada ese día; siempre estuvo ahí haciendo de hermano mayor, fue el padrino de mi boda, y hasta sus últimos días de vida vivimos esa complicidad. Por la cercanía de la edad vivimos muchas cosas juntos, y también compartíamos las típicas enfermedades infantiles.

Quiero quedarme especialmente con el recuerdo de ese día, un camafeo que llevaré siempre colgado de mi cuello.


El camafeo es obra de Miki Gazquez. GRACIAS.