domingo, 14 de febrero de 2016

CONFIDENCIAS

Teresa me contaba que parecía que acababa de despertar de un sueño, desde aquel día tenía una necesidad imperiosa de organizar su vida. Había muchas piezas sueltas que tenía que ir encajando, no era mujer de propósitos, pero por primera vez en su vida los propósitos estaban en su cabeza.

Se sentía fuerte y vulnerable a la vez, desconcertada, habían pasado tantas cosas... no había vuelto a ser la misma persona desde que le dieron aquella terrible noticia, después la pena, el dolor... el duelo.

Ahora tenía que poner en orden su vida, dar prioridad a lo importante, y no disgustarse por pequeñeces que no merecían la pena, pero resultaba tan complicado... había que contar hasta 10, 20, o lo que fuera necesario para controlar los impulsos.

Esa paz interior que apareció de pronto, un alivio, como si hubiera cumplido algo que le habían encargado. Ya estaba hecho, ahora tocaba ocuparse de lo suyo, de su tranquilidad; ya sabía que la unión espiritual estaba ahí, en el aire... en la sonrisa de sus hijos, en los abrazos de su marido.

Todas esas heridas de guerra de ese duelo no podían ocupar su mente, su cuerpo, se habían ido adueñando poco a poco de él, pero tenía que controlarlas, darse tiempo y ahí es donde entraban los propósitos, sus propósitos. Ojalá se cumplan, le dije, la conozco como si fuera yo misma y sé de su fuerza interior a pesar de su fragilidad. Buena suerte Teresa. 

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