domingo, 28 de agosto de 2016

CONFIDENCIAS DE VERANO (EL FISIO)



La palabra es el arma de los humanos para aproximarse unos a otros.

Ana María Matute



Cuando el verano va llegando a su fin, recuerdo las ganas que tenía de que llegara ese calorcíto, esos días tan largos y luminosos. El sol... que tanto bien me hace para la fibromialgia. Los días van pasando, pronto cambiaremos las sandalias por zapatos y la ropa fresca por otra más abrigada, los niños con sus mochilas... No ha sido el mejor verano de mi vida.

En Julio decido ir a un fisioterapeuta, además de la fibro y otras patologías padezco artrosis en la rodilla izquierda desde hace varios años. Tenemos reserva en un hotel para ir a la feria de Málaga y como la rodilla está teniendo uno de esos picos que llaman los traumátologos (dolores y molestias agudas) decido ir para que el fisio me refuerce un poco la rodilla y poder aliviar mis molestias.

Ya le conozco, le llamo y primera cita el día 26 de Julio martes, cambiamos impresiones y me dice que necesitaré de 5 a 7 sesiones, me pone calor en las dos rodillas y me trata según él un antiguo esguince de ligamento que tuve en la rodilla derecha, quedamos para la segunda cita, jueves 28 de Julio mediodía.

Acudo a la cita, me acompaña mi marido igual que en la anterior, nos dice que mi marido no entre que es una sala pequeña y no procede; a mi eso no me agrada. Empieza con mi rodilla izquierda a moverla, yo confío en su "profesionalidad" y en mi posición de paciente acostada en una camilla me siento vulnerable. Él sigue con los movimientos de una rodilla dolorida, mientras no para de hablar, le noto muy nervioso; habla sin parar y me hace sentirme muy mal, me dice cosas como que la fibromialgia no existe, que existe el dolor crónico, que no se me ocurra ir a la asociación que tenemos en Cáceres, ni tener contacto con nadie que tenga fibromialgia.

Yo estaba aturdida, sólo pensaba en el reumátologo que me había diagnosticado una enfermedad reconocida por la OMS, y él hablaba, hablaba... cualquier cosa que me cuentes te la voy a rebatir, me dijo, me sentí fatal, deseando que acabara aquello. Él tenía el poder, yo sólo vulnerabilidad tumbada en aquella camilla.

Le pagué las cinco sesiones y me citó para la semana siguiente. Resultado: al día siguiente viernes 29 de Julio tengo la rodilla como un poste, le llamo y se lo cuento, me dice que me vaya a urgencias o me ponga hielo, sin más, le digo que quiero anular las sesiones y que me devuelva el dinero; me comenta que él no sabe lo que yo he hecho con la rodilla desde que salí de su consulta, y a partir de ahí me bloquea del chat, donde habíamos tenido conversaciones, y no me coge el teléfono.

Me coloco una bolsa de hielo debajo de la rodilla, una bolsa de gel, de cosmética, helada, al poco rato me quito la bolsa y noto un peso enorme en mi pierna, donde he tenido la bolsa de hielo, tenía el hielo incrustado, llamo enseguida a mi hijo y me comenta que si no me he puesto un pañito, le digo que no, que nadie me ha dicho nada de eso; la inflamación sigue y mi marido compra en la farmacia una pomada para las quemaduras.

El domingo me voy a urgencias, me hacen una radiografía para ver la rodilla y me dicen que tengo una quemadura muy grave que me tienen que tratar en un centro de salud, me quitan dos ampollas que tenía, y me vendan la pierna. El lunes me voy a mi centro de salud, le cuento a la enfermera y se pone las manos en la cabeza al ver mi quemadura. A partir de ahí ha sido una tortura, curas diarias, me quitaban apósitos llenos de sangre, los fines de semana me curaban en el Pac Virgen de la Montaña. 

Lagrimas, impotencia, rabia, ansiedad, dolor...

Viendo mi estado de ánimo me animan tanto mi médico como mi enfermera para irme a la feria de Málaga, la quemadura ya está controlada, y me dicen que me ponga mucho protector solar y pantalones para proteger la herida, aún tierna, pero ya mucho mejor.

Aún conservo una enorme mancha en la pierna.

La situación ya la he puesto en conocimiento del colegio de fisioterapeutas.

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