domingo, 16 de abril de 2017

RENFE: MALOS TRENES, PEORES PERSONAS.


Cuando llegué a Sevilla el día 11 me prometí que iba a disfrutar todo lo que pudiera y ya habría tiempo para contar mi desagradable experiencia una vez más. 

En Enero reservamos habitación en un hotel de Sevilla, en épocas fuertes en la ciudad, además de aumentar el precio cuanto mas tarde reserves, si no te presentas puedes perder todo el importe de la estancia en el hotel.

El día 11 como teníamos previsto nos fuimos a la estación, subimos al tren 18773, enseguida empezaron a encenderse y apagarse las luces, ruidos extraños; la gente empezó a preguntar, nos dijeron que el tren no arrancaba, luego que si, avanzamos unos metros y volvimos a la estación. Definitivamente, el tren no salía porque estaba averiado.

Una persona que iba a Alcazar de San Juan y que tenía que hacer trasbordo en Mérida, le dijeron que se bajara que le ponían un taxi, con un cabreo descomunal la chica se bajó del tren.

Soluciones... Poner un autobús, esto puede estar bien, puede ser normal, pero cuando tienes una discapacidad, cuando tienes una enfermedad crónica que te impide hacer cosas que hacen otras personas sin ningún problema, para mi se convirtió en un problema muy gordo. Se lo comentamos al interventor, yo no puedo viajar en autobús, yo no puedo subir y bajar escaleras de un diminuto aseo, que ya es complicado para cualquiera.

El interventor, un señor déspota, desagradable, grosero, machista, inhumano, me hizo sentirme como un trapo del suelo, me dijo cosas como que si no podía viajar en autobús que no viajara. ¿Yo tenía que saber que el tren no iba a salir ese día? Me dijeron que la única solución era devolvernos el importe del billete. ¿Y la reserva del hotel? pues eso es lo que hay. Una persona sin corazón y sin ningún respeto por la discapacidad, sin ninguna alternativa para casos como este.

Vi que llegaba el bus, estaba con un ataque de ansiedad. ¿Cómo iba a arriesgarme a perder el importe de la reserva del hotel? ¿Cómo iba a viajar en un autobús con un ataque de fibromialgia y otras patologías, entre ellas no poder subir ni bajar escaleras?

El conductor, que por cierto le conocía y fue muy atento y cariñoso conmigo, me animó. ¿Qué alternativas tenía? NINGUNA. Un señor me cedió un sitio cerca del aseo, pero cada vez que tenía que utilizarlo gritaba de dolor, mis rodillas no me permitían subir y bajar entre dolores y movimientos bruscos del autobús, un autentico calvario, un martes de pasión, nunca mejor dicho. Mi marido siempre pendiente de mi, me ayudaba. 

Llegué a Sevilla muy mal, me despedí de Ángel, el conductor del bus con dos besos, mientras veía como el revisor me miraba de reojo.

ESTO ES RENFE Y ESTA SU GENTE.

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